
Autor: Yldefonso Finol
“Los Estados Unidos que parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”
Simón Bolívar, Guayaquil, 5 de agosto de 1829
Venezuela ha sido nuevamente amenazada por Estados Unidos, el sancionador de pueblos, el destructor de Estados nacionales, el promotor de dictaduras, lanzador de bombas atómicas, el compinche de genocidas.
El gobierno de ese país nos declaró “amenaza inusual y extraordinaria” en 2015, con el Decreto Obama.
Antes, intentaron derrocar el Proyecto Bolivariano iniciado por el Comandante Hugo Chávez, y cuando no existían excusas de ningún tipo le dieron un Golpe de Estado en abril de 2002; emprendieron un Paro Petrolero que llevó la producción del crudo a cero barriles por día.
El pueblo bolivariano venció esas embestidas. Y vino el tiempo de la bonanza.
Venezuela fue el primer país en alcanzar los Objetivos del Milenio de la ONU. Eso no nos lo perdonaron los imperialistas, porque nos convertimos en referencia no capitalista, radicalmente soberana e independiente. Un mal ejemplo en el “patio trasero”.
Los logros económicos y sociales de esos tres lustros son innegables. En esos días los venezolanos no emigraban, viajaban con los bolsillos llenos de dólares que el Gobierno Bolivariano les otorgaba en un esquema de redistribución increíble (pero cierto). Países que hoy tratan con xenofobia a nuestros connacionales, en esos días los recibían con alfombras rojas.
El objetivo del gobierno estadounidense y sus lacayos es destruir la venezolanidad. No sólo derrocar al Presidente Nicolás Maduro, sino descuartizar nuestro territorio y asaltar los recursos naturales. Para eso necesitan una marioneta, como lo intentaron con el desastroso experimento del “gobierno interino”: el robo más grande de activos nacionales y la degradación moral más vergonzosa de nuestra historia.
Hoy Venezuela se recupera para el buen vivir y el bien común.
¡Venezuela siempre vencerá!