
Autor: Fabrizio Casari
El Sahel agita a Occidente. En particular a Francia, que, tras haber sido expulsada de Malí, pierde ahora también Níger, un peón clave en su tablero africano. El uranio que le falta a Níger es ahora aún más estratégico tras el fin de las importaciones de hidrocarburos de Rusia, consecuencia de la ruptura de Europa con Moscú. En efecto, Níger suministra el 40% del uranio que necesita Francia para el funcionamiento de sus centrales nucleares.
La expulsión de Malí tampoco fue indolora para el Elíseo. Francia ni siquiera tiene una mina de oro, pero gracias a la retirada de 50 toneladas de oro al año de las 860 minas de Malí, ocupa el cuarto puesto mundial en reservas del metal precioso, unas impresionantes 2.436 toneladas. Y el aumento de las reservas de oro es ahora estratégico precisamente ante la crisis monetaria del dólar y el euro y la pérdida de control total sobre la producción de hidrocarburos. Así pues, el uranio y el oro, garantizados hasta hace unos meses, con la instauración de gobiernos de fuerte identidad nacionalista y anticolonialista pasan a ser un recuerdo y abren un agujero nada desdeñable en las cuentas francesas.